Hanmer ha desaparecido. Clay gira, se agranda, se atenúa. Percibe sus vibrantes órganos, una exquisita mezcla de texturas y tonos, éste verde y grasiento, aquel rojo y pegajoso, aquí una esponjosa masa oscura, allí una espiral de azul oscuro…, todo maduro, lozano, en los últimos instantes antes de la disolución. Una sensación de aventura y excitación se apodera de Clay. Flota hacia arriba y hacia fuera, fluye sobre la faz de la tierra, adopta un tamaño infinito y renuncia por entero a tener masa. Abarca hectáreas, distritos enteros, dominios completos. Hanmer está junto a él. Se expanden juntos. La luz del sol alcanza a Clay, llega a la vasta superficie superior de su nuevo cuerpo, hace que las moléculas dancen y brinquen con espinosa vistosidad, zumbando y restallando mientras botan por toda partes. Clay percibe los electrones que van de un lugar a otro, ascendiendo la escalera energética. ¡Pip! ¡Pop! ¡Pip! Clay se remonta. Planea. Se imagina que es una gran nube gris que se desliza por el aire. En lugar de un borde borlado tiene cien ojos, y en el centro de todo, la dura masa nudosa del cerebro brilla, vibra y dirige.

Clay ve escenas de la noche pasada: el valle, el prado, las montañas, el riachuelo. El campo de visión cambia después, al ganar altura, y Clay abarca una revuelta y cicatrizada campiña de ríos y peñascos, de erosionados dientes que sobresalen de la tierra, de golfos, de lagos, de promontorios. Abajo hay figuras que se mueven. Ahí están los tres seres caprinos, pedorreando y mascullando bajo un gran e irregular árbol semejante al del caucho. Ahí se ven seis criaturas de la especie de Hanmer, copulando felizmente en la orilla de un dorado estanque. Ahí están los reptiles nocturnos, dormitando en la tierra. Ahí se vislumbra algo enterrado hasta los hombros en el suelo, algo que irradia solemnes y apasionados pensamientos. Ahí llega una escuadrilla de criaturas aladas, aves o murciélagos o incluso reptiles, volando en cerrada formación, oscureciendo el cielo; llegan a una corriente ascendente, horadan el cuerpo de Clay, desde la parte de abajo hasta la de arriba, igual que un millón de punzantes balas, y se esfuman en las alturas sin nubes.



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